Seraphina se dejó caer de rodillas, ignorando el hielo que le quemaba la piel a través de la ropa. Se arrastró hasta él, hundiendo las manos en la nieve hasta alcanzar su rostro. Estaba helado.
El Alpha letal que hacía temblar a las manadas más peligrosas, yacía pálido y desprovisto de su fuerza titánica, con los labios adquiriendo un tono azulado que aterrorizó a Seraphina más que cualquier monstruo de las minas.
—Ronan, mírame —suplicó ella, acariciando sus mejillas, limpiando los copos de n