El antro del prestamista apestaba a codicia antigua, a polvo de huesos y a magia estancada.
Tras el mostrador de madera oscura el hombre de rostro arrugado y barba color ceniza evaluaba el objeto con una lupa incrustada en su cuenca.
El silencio en la pequeña tienda era asfixiante. Seraphina, un paso por detrás de Ronan, podía ver la tensión vibrando en los anchos hombros de su esposo.
El anillo de Alpha Supremo reposaba sobre el terciopelo raído del mostrador.
No era un simple pedazo de o