El aire se congeló entre ellos.
El guardia no había terminado de lamerse los labios cuando un gruñido amenazante y bajo vibró en el pecho de Ronan. No fué un sonido humano, sino la advertencia de una bestia que está a punto de romper su cadena.
Ella sintió el cambio en su temperatura corporal. El calor reconfortante del baño se convirtió en un incendio forestal de rabia contenida. Las pupilas de Ronan se dilataron y los tendones de su cuello se marcaron tensos bajo su piel.
Iba a matarlo.
Iba