La fiebre del acónito se rompió con la llegada del alba, expulsada por la sangre de Alpha de Ronan y los cuidados de Seraphina.
Cuando él abrió los ojos, ya no había bruma gris, solo esa mirada intensa y lúcida que ella tanto amaba. Aunque estaba débil, su fuerza sobrenatural regresaba a pasos agigantados.
Retomaron el camino en silencio.
A media mañana, encontraron oculto tras una cortina de helechos gigantes y rocas volcánicas, un regalo de la naturaleza: una terma natural.
El agua brotaba