La mañana amaneció con un sol pálido y enfermo, filtrándose a través de nubes que parecían moretones en el cielo. La tensión de la noche anterior en el balcón no se había disipado, se había solidificado.
Ronan se movía por la habitación como una tormenta contenida, equipándose con arneses tácticos y cuchillos de plata, preparándose para la incursión en el bosque que había prometido.
Damien, desde su rincón habitual, observaba en silencio. No había armas en él, solo esa quietud inquietante que i