Marcos y Laura en medio del furor y el disgusto quedaron paralizados y en silencio.
La primera en reaccionar fue Laura.
—¡Es Marta! —dijo y ambos corrieron hasta la habitación.
Cuando Marcos entró, Marta estaba de pie y un hilo de sangre descendía por su entrepierna.
—Está sangrando nuevamente. Llama al médico.
Él se acercó para ayudarla, pero esta vez, ella no quiso que la tocara.
—No me toques —respondió con firmeza.
Mientras se sentaba con ayuda propia y buscaba acomodarse tal y como e