—El médico ha dicho que Marta no puede moverse de la cama. Imagino que no te opondrás a que se quede en casa —replicó Laura con enojo.
—Haz lo que quieras Laura. —contestó con dejadez.
Se levantó de la silla, tomó el resto del vino y salió por la puerta trasera hasta el jardín.
Laura frunció el ceño, apretó los puños con rabia y caminó detrás de él.
—No me dejes hablando sola. Marta es nuestra responsabilidad.
—Ya te dije que puedes hacer lo que quieras. —replicó— si deseas que se quede es