Nicolás no había dormido en toda la noche. El edificio central del conglomerado estaba silencioso a esa hora, iluminado solo por las luces frías de los pasillos y el reflejo lejano del amanecer sobre las ventanales.
Estaba sentado en la sala de reuniones privada del piso 32, con los informes dispersos frente a él: reportes financieros, análisis de mercado, y la proyección de daños ante la filtración que había expuesto el embarazo de Sofía.
No era su problema, se repetía.
Ya no era su esposa.
Ya