La oficina privada de Sofía estaba oscura cuando el edificio quedó casi vacío. Solo una lámpara tenue iluminaba el borde del escritorio. Afuera, la ciudad brillaba con un resplandor frío, indiferente. Adentro, el silencio era espeso hasta que la puerta se abrió.
Adrián entró sin pedir permiso, y Sofía levantó la vista sin estar realmente sorprendida.
Había pasado todo el día ocultando fracturas, manteniendo la voz controlada, la mirada estable, los nervios bajo llave, pero cuando lo vio a él, t