El viento suave de la tarde acariciaba las flores blancas que decoraban el jardín del viejo casco de estancia que Sofía había elegido para la ceremonia. No era un salón lujoso ni un hotel de cinco estrellas: era un lugar rodeado de árboles añejos, mesas de madera y faroles colgantes que encendían una luz cálida que hacía brillar el entorno con un resplandor íntimo, casi mágico. Ella quería un lugar donde pudiera respirar sin sentir el peso del pasado, y esa finca, escondida entre los caminos ru