El edificio central de Torres Global vibraba con un rumor inquieto que se filtraba entre los pasillos. No era un día común.
Los directivos habían recibido la notificación urgente: reunión extraordinaria convocada por el Presidente Honorario, Don Guillermo Torres, pero solo dos personas sabían que esa reunión no era más que una excusa. El verdadero propósito era provocar un choque.
Cuando Carlos Cheverri entró en la sala de juntas, el silencio cayó como un telón.
No era un hombre habitual en ese