Capitulo 62 (El final)

El cielo amaneció pintado en tonos de lavanda cuando Catalina llegó al cementerio de Villa Rica. Las rejas de hierro forjado chirriaron al abrirse, anunciando su ingreso a la sección de mausoleos antiguos. Entre cipreses y estatuas de ángeles desgastados por el tiempo, la tumba de Helena Salgado se alzaba sencilla: una losa de mármol blanco con la inscripción «Madre, guerrera, eterna».

Catalina se arrodilló, colocando un ramo de gardenias (las favoritas de su madre) junto a las letras doradas
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