El sol de las 7 a.m. colaba suaves rayos por la ventana del baño principal. Catalina estaba sentada en el borde de la bañera de mármol, con un test de embarazo temblando en sus manos. Pochito, el viejo gato gris de pelaje lustroso, maullaba frente a la puerta cerrada, rascando la madera con insistencia.
—Un minuto, Pochito —susurró, conteniendo la respiración mientras observaba las dos líneas rosadas en la ventana del test.
El sonido de pasos en el pasillo la hizo esconder rápidamente el te