El aire en la oficina de David olía a café recién hecho y al chocolate caliente que Catalina bebía cada mañana. Un mes había transformado la dinámica entre los hermanastros: las reuniones diarias, las miradas prolongadas durante revisiones de contrato, las manos que rozaban documentos al mismo tiempo. A veces, Catalina creía que había algo más tras las acciones de David, pero luego desechaba la idea. Quizás estaba siendo demasiado paranoica y viendo cosas que no eran.
Catalina ajustó el collar