Erick golpeó la pantalla de su teléfono contra la mesa de centro, dejando una fisura diagonal sobre la fotografía de contacto de Catalina. Pochito saltó del sofá con un maullido de protesta, escondiéndose bajo el librero estilo industrial que ella tanto odiaba de la decoración. Quiso sonreír al recordar la expresión de Catalina al ver el librero, pero la angustia lo estaba devorando por dentro.
—¿En serio no contesta? —masculló, deslizando por décima vez las fotos que Lorena le había enviado. E