El resplandor nocturno de la ciudad titilaba bajo ellos como un recordatorio de cuán pequeños eran ante la inmensidad de la ciudad, del mundo mismo. Catalina seguía estudiando el perfil de Erick —la línea fuerte de su mandíbula, sus labios que se curvaron en una hermosa sonrisa, su mentón definido, además de su largo y esbelto cuello— cuando él rompió el hechizo.
—Después del hospital —dijo, jugueteando con el borde de su copa— me obsesione con los horarios de Antonio. Lo vigilaba más que las e