El aire frío de la noche golpeó el rostro de Antonio mientras caminaba a paso rápido, alejándose del restaurante. Cada respiración le quemaba los pulmones, no por el asma, sino por la rabia que le tensaba los músculos y le oprimía el corazón con una fuerza brutal y violenta.
El gimnasio —un local de lujo para deportistas de alto nivel económico, estaba totalmente vacío a esas horas—. Dentro lo recibieron las luces fluorescentes y el eco de sus propios pasos, pasos que reflejaban el cansancio in