El motor del autobús de la Grey Line vibraba con una cadencia sorda y profunda que se filtraba a través del suelo de linóleo agrietado, subiendo por las suelas de las botas hasta asentarse en la boca del estómago. No era el zumbido de alta frecuencia de los reactores del búnker ni el latido violento del doce cilindros de Pete; era el sonido perezoso de un transporte civil que había recorrido los mismos trescientos kilómetros de asfalto tres veces por semana durante los últimos diez años. Un veh