El ambiente en el restaurante se había vuelto denso, casi irrespirable. Después de la confesión de Gabriela, después de la pulsera, después de la incomodidad evidente de Bianca, Luciano supo que no podían seguir dando vueltas. No era justo para nadie, y mucho menos para Mateo.
Luciano apoyó ambas manos sobre la mesa y habló con voz firme, sin elevarla, pero dejando claro que había tomado una decisión.
—Bueno… vamos a ir al grano.
Gabriela levantó la mirada de inmediato, atenta.
Bianca también l