El sol brillaba con fuerza sobre la playa de Montañita, en la costa ecuatoriana. Las olas rompían con un rugido constante contra la arena dorada, y el aire salado se mezclaba con el aroma a protector solar y felicidad. Era el tercer día de sus vacaciones, y la familia Del Valle-López había encontrado, por fin, la paz que tanto había buscado.
Mateo estaba de pie en la orilla, con una tabla de surf bajo el brazo que era casi tan grande como él. Vestía un traje de neopreno azul que le quedaba un p