Gabriela bajó las escaleras con paso firme, arrastrando su maleta tras de sí. En su rostro se dibujaba una sonrisa de suficiencia, una mezcla de orgullo herido y desafío. Había perdido la batalla, sí, pero no la guerra. Saldría de esa mansión con la cabeza en alto, y algún día, de alguna manera, haría que Luciano y Bianca pagaran por humillarla.
Llegó a la puerta principal, respiró hondo, y la abrió.
Y se encontró con tres oficiales de policía uniformados, escoltados por Elías, que la miraban c