El salón de eventos del Hotel Imperial estaba abarrotado. Periodistas de todos los medios importantes ocupaban cada silla, cada rincón, cada espacio disponible. Las cámaras apuntaban al estrado vacío como si fueran armas listas para disparar. El murmullo de las conversaciones era un rumor constante, una marea de especulaciones, dudas y expectativas.
En la primera fila, los representantes de los canales de televisión más importantes ajustaban sus micrófonos. Detrás, los periodistas de prensa esc