La noche había caído sobre la mansión de Los Olivos cuando Bianca regresó. El viaje de vuelta desde la casa de Luciano había sido un torbellino de emociones: la alegría de ver a Mateo, la tensión del encuentro con Gabriela, la promesa de un futuro que aún parecía lejano. Pero ahora, al cruzar la puerta, tenía que volver a ser la Bianca que ellas esperaban. La Bianca confundida, dependiente, manipulable.
Francisca estaba en el salón, viendo televisión con una copa de vino en la mano. Al verla en