La mañana había llegado con un sol radiante que se colaba por las ventanas de la mansión de Luciano, iluminando cada rincón con una calidez que contrastaba con la frialdad de los últimos días. Bianca había llegado temprano, con una bolsa llena de frutas frescas, jugos naturales y algunos de esos dulces que sabía le gustaban a Mateo. Había coordinado su visita con Luciano, asegurándose de que Francisca y Patricia estuvieran entretenidas en sus asuntos y no sospecharan nada.
El plan estaba funcio