La noche había caído sobre la mansión López, un manto pesado después del drama del día. Luciano, en su estudio, intentaba concentrarse en un informe de Sotelo sobre movimientos financieros opacos vinculados a la clínica suiza, pero las palabras bailaban frente a sus ojos. La imagen de Gabriela desmayándose, la fascinación atemorizada en los ojos de Mateo, y su propia ira fría, se repetían en un ciclo agotador.
Fue entonces cuando su teléfono personal vibró, mostrando el nombre de Bianca. Una ol