La mañana había comenzado con una calma engañosa. Bianca despertó antes que Luciano, como tantas otras mañanas, pero esta vez no se quedó a contemplarlo dormir. Su mente era un torbellino desde la noche anterior, desde que habían revisado juntos los documentos que Sotelo había enviado. Las pruebas. Las transferencias. El nombre de Francisca apareciendo una y otra vez como la sombra detrás del desfalco.
Se vistió en silencio, con movimientos precisos y contenidos. No quería despertarlo. No querí