En el dormitorio principal, Luciano y Bianca finalmente se separaron lo suficiente para mirarse a los ojos. No había lágrimas en sus rostros, pero había algo más profundo: una comprensión nueva, una alianza recién forjada en el fuego de la honestidad.
—Mañana —dijo Bianca— quiero estar presente en cualquier interacción que ella tenga con Mateo. No como supervisora, sino como su madre. Si ella va a compartir recuerdos con él, quiero escucharlos. Quiero saber exactamente qué está sembrando en la