El silencio en la sala, tras la partida de Gabriela hacia la cocina, era tan denso que el épico narrador del documental parecía hablar desde otro universo. Bianca sentía cada latido de su corazón como un martillazo en los oídos. Mateo, habiendo aceptado su derrota pizza en paz, había vuelto su atención a la pantalla, donde una sonda espacial se aproximaba a un planeta gaseoso. Pero sus pequeños hombros parecían un poco más caídos.
No pasaron cuarenta y cinco minutos cuando Gabriela regresó. No