Los días en la mansión López habían adquirido una nueva cadencia, un ritmo sutilmente alterado por la presencia que ahora habitaba en la habitación del ala este. Gabriela, con su amnesia cuidadosamente interpretada y su vulnerabilidad estratégica, había ido tejiéndose en la rutina doméstica con la paciencia de una araña.
Una tarde, después de que Mateo terminara sus lecciones, Gabriela se acercó a la puerta del estudio donde él revisaba un libro de astronomía. Le apoyó una mano en el marco, su