Dos días habían pasado desde el accidente. Dos días desde que Bianca abrió los ojos en aquella habitación de hospital. Dos días desde que Luciano se convirtió, para ella, en un extraño con una mirada demasiado intensa y unas palabras que no entendía.
La habitación del Hospital Central se había transformado en un pequeño santuario de flores y tarjetas. Amigos, colegas, socios de negocios habían enviado sus deseos de pronta recuperación. Pero Bianca apenas reparaba en ellas. Su mundo se había red