El aullido de las sirenas rasgó la mañana como un cuchillo de cristal. Su eco se extendió por las calles aún dormidas, un lamento mecánico que hablaba de urgencia, de dolor, de vidas colgando de un hilo. Los curiosos se asomaron a las ventanas, los conductores se apartaron, y la ambulancia roja y blanca atravesó la ciudad como un relámpago, llevando en su interior el cuerpo inerte de Bianca López.
Dentro del vehículo, los paramédicos trabajaban con la precisión de quienes han aprendido a bailar