La madrugada no trajo descanso.
El hospital seguía despierto, con sus luces blancas, sus pasos contenidos, sus murmullos de vidas suspendidas en un hilo invisible. Luciano caminaba de un lado a otro del pasillo como un animal enjaulado. Cada paso era un pensamiento, cada pensamiento una culpa que volvía a clavarse con más fuerza.
Había hecho la llamada.
Eso ya no tenía marcha atrás.
Bianca permanecía sentada cerca de la habitación de Mateo, con la espalda recta, pero el alma hecha pedazos. No l