Capítulo 105: La verdad en los ojos de un niño.
El trayecto de regreso a casa transcurría en un silencio extraño, no incómodo, pero sí cargado de pensamientos. El vehículo avanzaba con suavidad por la carretera que conducía a la mansión, mientras los árboles a los costados parecían desfilar lentamente, como si el mundo exterior siguiera su curso sin saber que dentro de ese auto algo importante estaba a punto de decirse.
Mateo iba sentado en el asiento trasero, mirando por la ventana. Tenía el helado ya terminado y los labios apenas manchados de chocolate. Bianca, desde el asiento delantero, lo observaba por el espejo retrovisor. No dejaba de pensar en cada gesto que había visto esa tarde, en cada pequeña reacción, en esa cercanía nueva que, aunque mínima, había despertado tantas emociones en ella.
—Amor… —dijo finalmente, con voz suave—. ¿Estás cansado?
Mateo negó con la cabeza.
—No.
—Te vi más tranquilo hoy —continuó Bianca—. Más… cercano.
Mateo giró un poco el rostro, mirándola ahora directamente a través del espejo.
—¿Con Gabrie