Alina
El silencio pesa en la sala del trono, tan opresivo como un sudario. Damon está a mi lado, respirando con dificultad, una mano aún ensangrentada después de su duelo con Elias. Ezra se encuentra al fondo, con la mirada oscura fija en la llave negra en mi mano. Elias, de pie frente a nosotros, se limpia la sangre que le brota de los labios con un gesto lento.
— Tienen lo que vinieron a buscar —dice con voz helada—. Ahora, váyanse.
— Elias... —empieza Damon.
— No —interrumpe Elias—. Esta pel