Damon
El silencio que sigue a la luz no está vacío.
Tiene una textura, un peso.
Se instala en la sala como una marea que sube, se desliza bajo las puertas y llena cada espacio, hasta ahogar nuestras respiraciones.
Nadie habla.
Nadie se atreve a moverse.
Es como si nuestros cuerpos hubieran entendido, incluso antes que nuestra mente, que romper este silencio sería un sacrilegio.
Veo a los Ancianos levantar la cabeza lentamente, muy lentamente, como viajeros que salen de una caverna