Cien años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Siete Generaciones (ahora oficialmente llamado Jardín de las Diez Generaciones) seguía siendo el corazón vivo de la biblioteca Valeria Solís. El edificio había sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad, pero la verdadera magia seguía estando entre las rosas blancas que nunca dejaban de florecer.
Victoria Rivera, de treinta y dos años, era la actual guardiana principal. Alta, de ojos profundos y sonrisa serena, caminaba