Ciento diez años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones era ya un lugar legendario. La biblioteca Valeria Solís había sido ampliada con un ala moderna de cristal que respetaba la arquitectura original, pero el corazón seguía siendo el mismo jardín interior donde todo había comenzado y terminado.
Lucía Rivera, de cuarenta y dos años, era ahora la guardiana principal. Tenía el cabello largo y oscuro como su bisabuela, y la misma mirada serena que había caracter