La cabaña en la montaña estaba exactamente igual que la última vez: aislada, rodeada de pinos altos y con el silencio del bosque como único vecino.
Mateo descargó las maletas mientras Johanna llevaba a la pequeña Valeria de la mano. La niña miraba todo con ojos grandes y curiosos.
—¿Vamos a dormir aquí, papá? —preguntó.
—Sí, princesa. Vamos a pasar unos días tranquilos.
Johanna entró a la cabaña y encendió la chimenea. El fuego crepitó rápidamente, llenando el lugar de calor. Pero Mateo no se s