Johanna dormía plácidamente a su lado, con la respiración tranquila y una mano descansando sobre su vientre. Mateo, en cambio, no podía conciliar el sueño.
Se levantó sin hacer ruido y salió al porche. La noche era fresca. El cielo estaba despejado y las estrellas brillaban con fuerza.
Se sentó en la mecedora y miró hacia la oscuridad del jardín.
Habían pasado tres años desde la desaparición de Valeria. Tres años desde que pronunció su nombre al revés y rompió el lazo. Tres años de relativa paz