Isaac entró a la empresa con su usual energía, listo para un nuevo día de trabajo. Sin embargo, en cuanto cruzó la puerta de la oficina de Eliana, supo que algo no estaba bien. Ella estaba sentada en su escritorio, con la mirada perdida en un punto fijo sobre la mesa, y un suspiro pesado escapaba de sus labios.
—¿Qué pasó? —preguntó con el ceño fruncido mientras se acercaba.
Eliana levantó la vista con una tristeza evidente en sus ojos. No intentó disimularla, lo conocía demasiado bien como par