La casa se hallaba en completo silencio, salvo por las risas suaves de Gabriel y Samuel que seguían jugando en el cuarto del fondo. Era de noche, el cielo estaba encapotado y una lluvia fina tamborileaba contra los cristales del ventanal del salón. María José se encontraba sentada junto a Isaac en el sofá, mientras Eliana se paseaba de un lado a otro de la sala con el celular apretado en la mano como si le ardiera. José Manuel, en cambio, permanecía de pie, junto a la ventana, sin quitar la vis