La tensión en el ambiente era tan densa que podía cortarse con un cuchillo. Eliana había intentado mantener todo en orden aquella mañana: se había despertado temprano, había alistado a Samuel, preparado café y ventilado la casa. Aún no podía creer que todo estuviera pasando tan rápido. José Manuel había prometido ocuparse de todo para hacer la prueba de ADN lo más pronto posible, y en menos de veinticuatro horas, ya tenía al experto en camino. Un amigo suyo de toda la vida, de total confianza,