El Sonido del despertador rompió el silencio con su habitual insistencia. Eran las 6:15 a. m. y, para sorpresa de Eliana, ella estaba en el sofá, con una manta sobre las piernas y su cabeza recostada sobre el hombro de José Manuel. Él también dormía aún, con el gesto relajado y los labios entreabiertos, como si estuviera en paz por primera vez en mucho tiempo.
Eliana parpadeó, confundida. Le tomó un par de segundos recordar la noche anterior: las estrellas, las confesiones a media voz, los sile