El apartamento, bañado en luz natural, tenía ese aire sereno que solo los espacios llenos de amor verdadero podían irradiar. Grandes ventanales dejaban ver la ciudad en su ritmo agitado, pero adentro, el ambiente era una mezcla de calma, café humeante y música suave de fondo.
María José estaba sentada sobre una de las banquetas altas del desayunador, vestida con una blusa blanca amplia y pantalones de lino color arena. Revolvía distraídamente su taza de té, mientras Isaac acomodaba unos documen