Eliana no podía dejar de mirar a José Manuel.
El silencio en la habitación era tan denso que hasta el leve zumbido del ventilador parecía ensordecedor.
Ella se había quedado abrazada al dibujo que Samuel le había regalado, con las palabras del niño todavía dando vueltas en su cabeza: "quiero que seas mi mamá".
Y aunque cada fibra de su ser le pedía no insistir, algo más fuerte —algo que latía con fuerza en su pecho— la impulsó a hablar.
—José Manuel... —dijo en voz baja—.
Necesito saber la verd