El apartamento estaba en completo silencio, interrumpido solo por el sonido de los coches de juguete chocando suavemente entre sí. Isaac se recostó en el respaldo del sofá, observando la escena frente a él con un nudo formándose en la garganta. Gabriel, su pequeño, estaba sentado en el suelo, rodeado de bloques de construcción, carritos, peluches, y aun así, había en su carita una expresión de evidente aburrimiento, de una tristeza silenciosa que lo hizo sentir más perdido que nunca. Después de