El pitido constante de un monitor fue lo primero que se coló en la conciencia de Amanda cuando abrió los ojos.
No fue un sonido agresivo, pero sí lo suficientemente insistente como para recordarle que estaba conectada a algo, que su cuerpo estaba siendo vigilado por una máquina porque, al parecer, ella había dejado de hacerlo por su cuenta.
La garganta la tenía seca y el cansancio le pesaba como si hubiera dormido días enteros y aun así no alc