Los ojos de Amanda se le cristalizaron, y tuvo que apartar la mirada un segundo porque la emoción le dio rabia.
Le dio rabia sentirse frágil, le dio rabia que, en el fondo, una parte de ella quisiera quedarse ahí, aferrada a una figura que le sostuviera el mundo sin pedirle nada a cambio.
Aun así, las lágrimas se le escaparon por los bordes.
—No sabe lo feliz que me hace escuchar eso. Yo también… yo también lo veo así