Amanda pasó por su hijo, que lucía tan tierno con su traje de karate, aunque estaba desanimado porque no completó la clase.
El maestro, o como le dice Noah, el sensei, le surgió una emergencia, dejando la clase a medias.
Amanda lo escuchó hablar desde el asiento trasero sin parar, con esa energía que hacía que el mundo pareciera menos cruel.
Manejaron hacia Luxor.
Amanda iba repasando