Nuevo socio.
El silencio en la sala de juntas no era un silencio normal, era uno de esos que se sienten en la piel, como si el aire tuviera bordes y cualquiera que respirara demasiado fuerte pudiera cortarse.
Amanda lo sintió en cuanto cruzó las piernas por segunda vez y aun así la rodilla le siguió temblando, traicionera, arriba y abajo, arriba y abajo, como si su cuerpo estuviera golpeando una alarma que ella no lograba apagar.
A tres sillas de distancia